Personas que sufren obesidad severa o mórbida presentan habitualmente enfermedades asociadas como la hipertensión, la diabetes tipo 2 u otras, expresan una composición corporal alterada por el exceso de grasa. Del mismo modo que existe también de un deterioro importante de la imagen corporal debido a éste acumulo en diferentes partes del cuerpo. Revertir este deterioro corporal presente a todos los niveles del organismo y especialmente, la mejora de las enfermedades asociadas requiere, en muchas ocasiones mantenidas pérdidas de peso importantes que, habitualmente sólo conseguidas con una cirugía de la obesidad.
¿Qué imagen tenemos de la obesidad?
La consecuencia de la perdida de una gran cantidad de kilos y por añadido de grasa tras una cirugía bariátrica (CB), siempre están presentes en mayor o menor grado, y tiene su expresión en los cambios corporales visibles.
Es obvio que los futuros cambios corporales son un aspecto que preocupa al iniciar un tratamiento de cirugía de la obesidad, por muy necesario que éste sea y, puede afectar negativamente al bienestar individual y social, pero debemos comprender que esta insatisfacción en la imagen corporal, en la mayoría de ocasiones ya estaba presente mucho antes de plantearse el tratamiento.
Su origen se arraiga en todos aquellos años previos a padecer la enfermedad con el consiguiente deterioro corporal progresivo. Las personas con obesidad tienden a subestimar su peso corporal y su obesidad, con lo cual existe una distorsión en su imagen corporal y no son conscientes de su situación en el momento de plantear un tratamiento de cirugía. Bajo este contexto, antes de realizarse la CB, puede ser importante enfatizar la condición corporal de la que se parte para tomar conciencia de la enfermedad y el deterioro corporal existente, remarcando la relación entre el grado de la percepción corporal y su relación con la conducta alimentaria intentando cambiar la primera a través de la mejora de la segunda en parte debido a la oportunidad que ofrece la cirugía.
Aunque la finalidad de la cirugía de la obesidad no tiene implicaciones estéticas, también es importante que la persona que acceda a ella sea consciente de que el cambio de imagen tendrá su importante y debe intentar mejorarse con diferentes medidas durante el proceso de pérdida de peso para evitar en lo posible una futura cirugia reparadora.
¿Existe un momento ideal para una cirugia de la obesidad?
El momento de acceder a la cirugía es importante. Cuando se realiza la cirugía en edades tempranas existe una menor repercusión en nuestro cuerpo dada la elasticidad de nuestra piel que permite asumir los cambios de volumen por desaparición del relleno de grasa de nuestro cuerpo.
Es un hecho que perder peso provoca modificaciones más o menos importantes en la silueta corporal global, dependiendo del grado de obesidad inicial, pero también es un hecho que mejora sobremanera la imagen externa y es posible que existan inicialmente dificultades para adaptarse a las menores dimensiones de sus cuerpos. Dichos cambios se hacen más visibles en el tronco con la aparición de un faldón en la parte inferior del abdomen, más o menos importante, y en las extremidades, fundamentalmente en la porción proximal de los brazos y de las piernas.
El impacto de esta disminución de grasa depende de factores individuales como edad, elasticidad de cada tejido, cuantía y rapidez de dicha disminución y actividad habitual.
El proceso después de la cirugía, no sólo se acompaña de miedos e incertidumbres por el cambio corporal, a medida que disminuye el peso, aumenta la autoconfianza, con ello se observan mejoras en las relaciones sociales, al sentirse semejantes a sus pares. Las personas operadas se vuelven capaces de percibir con mayor detalle sus cuerpos, tanto su forma global, así como aspectos que les gustan. La relación con el cuerpo también se modifica, no solo como resultado de la pérdida de peso, sino con la adquisición de una mayor conciencia corporal, incluyendo aspectos específicos de éste que antes no eran percibidos.
Asimismo, los cambios vividos positivos destacan la vestimenta como un aspecto relevante en la mejora de la imagen, pasando desde un elemento de ropa que generaba dificultades, hacia uno que les brinda una experiencia satisfactoria, al permitirles exhibir aspectos de su identidad. Esto coincide con otras investigaciones que advierten la importancia de la ropa, con la sensación de aceptación social. El vestir, aspecto que puede parecer superficial, constituye en las mujeres jóvenes un elemento que les permite mostrar un estilo propio a los demás y, a la vez, chequear sus cambios corporales, fundamentalmente en relación con la disminución de peso.
La adaptación a la nueva corporalidad es paulatina y supone dificultades relacionadas a la percepción de la imagen corporal, siendo necesario contar con elementos externos, como la vestimenta y la opinión de los cercanos e incluso imágenes previas a la cirugía, para constatar el cambio físico experimentado y que este sea percibido por la persona. En muchas ocasiones el cambio sí que se visualiza externamente “hola, no te había conocido, que cambio. Qué bien que te veo”, pero la persona operada no lo percibe y hay una resistencia a interiorizar al cambio evitando la compra de nueva ropa o en el caso opuesto, intentando comprar ropa con las mismas tallas que antes de la pérdida de peso, que expresa las dificultades para ajustar la imagen corporal a la nueva condición de ser normopeso.
Con relación a los cambios vividos en la imagen corporal, debe considerarse relevante la salud mental para el desarrollo de una mayor conciencia corporal y adaptación a la nueva imagen corporal, dado que las problemáticas relativas a la evaluación de la apariencia física, la satisfacción corporal, lo cual enfatiza la necesidad del seguimiento post-CB a largo plazo.
¿Esperamos los resultados tras la cirugia?
Tradicionalmente (probablemente aún ocurre), los especialistas en cirugía bariátrica no otorgan mucha relevancia a los cambios físicos de la imagen corporal en la obesidad a consecuencia de bajar de peso. La razón es que impera el concepto clásico de que la valoración del impacto de esta pérdida de peso en la imagen corporal y su tratamiento definitivo (pensando en una eventual cirugía plástica y reparadora) deben plantearse tras la estabilización de esta pérdida de peso. Cuando se habla de resultados relacionados con la cirugía, la estabilización de la pérdida acontece habitualmente a los 18 meses de la cirugía.
En CINIB, no pensamos igual. Apostamos firmemente por promover la búsqueda del cambio corporal. Recuperados de la situación de estrés que puede haber representado la cirugía, promovemos y estimulamos a las personas operadas a realizar actividad física tutelada con entrenadores personales y con intensidad de menor a mayor. Los cambios corporales no deben esperarse sentados en el sofa. Existen muchas medidas que pueden aportar mejoras en la imagen.
La cirugía bariátrica no solo reduce kilos. Cambia la salud, aumento la movilidad, mejora la autoestima, las relaciones sociales y la percepción del propio cuerpo.
La persona debe entender que el proceso implica una transformación física y emocional profunda. La nueva imagen corporal suele representar una mejora muy importante en calidad de vida, aunque también puede acompañarse de desafíos que requieren tiempo, adaptación y apoyo profesional.
Asumir estos cambios desde una perspectiva realista y acompañada permite vivir la cirugía bariátrica no solo como un tratamiento para perder peso, sino como una auténtica reconstrucción integral de la salud y de la relación con el propio cuerpo.

